subir página

foto1 foto2 foto3 foto4 foto5
Get Adobe Flash player

Los indígenas de las Pampas tenían un modo de vida que contrastaba con las formas en que la sociedad hispano-criolla encontraba como normales. Las Tolderías eran el lugar dónde se asentaban las tiendas nativas; eran el sitio dónde la vida se reproducía material e inmaterialmente. Estos lugares no eran itinerantes. Es decir, si bien los indígenas recorrían grandes extensiones a caballo, los mismos no eran nómades que se movían por ciclos en el espacio. Los toldos se ubicaban en lugares determinados que eran conocidos por las autoridades coloniales y republicanas –a los cuales se acercaban para negociar con los caciques- así como también existían tolderías ‘de campaña’ que albergaban a aquellos sujetos que se ‘adentraban’ en las Pampas por algún motivo.

Las tolderías abrigaban a hombres, mujeres y niños; indígenas, agregados o cautivos. Allí se daban actividades económicas como cría de ganados menores así como aves de corral para consumo, agricultura en mediana escala e, incluso, hasta la cría de pequeños animales destinados a los más variados usos. Los perros formaban parte del paisaje social de las tolderías dado que los mismos, además de compañía, cumplían funciones en los arreos de ganado. En lares de grandes caciques –como Callfucurá- no era extraño encontrar vajilla de plata, instrumentos de música o periódicos que algunos leían para estar al corriente de los sucesos políticos que acontecían en el mundo que incidía sobre ellos.

Por sobre todas las cosas las tolderías eran centros neurálgicos de discusión política; interna y externa. Los indígenas que no eran caciques y aquellos que no participaban de las acciones armadas –porque indígena no era sinónimo de ‘ciudadano en armas’- debían obedecer ciertas reglas sociales que el cacique se encargaba de cumplir para qué, como en cualquier sociedad, el caos no impusiera el fin de la sociedad. En lo que hace a una política externa del grupo, y en su relación con el mundo hispano-criollo, se debatía acaloradamente, y con normas propias para aquella ocasión, las acciones a seguir.

 

por Carlos D. Paz