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Las estancias fueron, al igual que los poblados, pulperías, fuertes y fortines o las mismas tolderías, centros de concentración de personas, y bio-masa animal, en la vida de la campaña. Las estancias, además de ser establecimientos productivos que avanzaban sobre los espacios considerados de frontera –en un claro intento por quitar dominio territorial a las poblaciones indígenas-, se constituyeron como parches sociales que lentamente, con el impacto que las mismas generaron en el medio ambiente y en la sociedad, transformaron la fisonomía pampeana.

Las estancias no sólo estaban destinadas a la producción ganadera. Si no que desde las mismas comenzó a gestarse un proceso social civilizatorio de la población que incluía aspectos cómo que la misma adoptara prácticas de trabajo reguladas por ritmos ajenos a las personas que debían cumplir con los trabajos así como, desde algunas estancias, la religiosidad católica apostólica y romana intentaba llegar capilarmente al grueso de la población.

Si bien algunas estancias fueron un foco para el robo de ganado por parte de algunas parcialidades indígenas, esta no fue la regla. Más bien, desde las estancias se avanzaba sobre la sociedad nativa con el auxilio, claro está, de peones que eran indígenas o nó pero que compartían prácticas y usos sociales con aquellos, o bien con la complacencia de aquellos líderes políticos nativos que daban el visto bueno para ello. Por ello la estancia fue tomando forma lenta, progresiva y gradualmente como un espacio productivo así como una efigie que caracterizaría toda una etapa de nuestra historia.

 

por Carlos D. Paz