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Un Fuerte puede pensarse como un establecimiento defensivo en el medio de la ‘inmensidad’ de la Pampa. A pesar que desde nuestra imaginación podemos recrearlo como una fortaleza medieval o, en un punto extremo opuesto a esta representación, como una palizada de escasa efectividad militar contra ataques de indígenas alzados contra el orden que se intentaba imponer, esto no era así en verdad.

Los Fuertes de la Pampa, como el Independencia, se erigieron con una firme intención disuasoria hacia la población indígena. Estas construcciones eran realizadas bajo un modelo de probada eficacia y sobre la base de planos pre-existentes, dotadas con algunos hombres y algunas armas necesarias para una acción militar rápida aunque no estrictamente defensiva. El negocio pacífico con los indígenas tenía raíces muy profundas y esa pax era justamente lo que no se quería quebrar dado que los intereses comerciales eran amplios así como los nativos superaban en fuerzas y número a las dotaciones militares que ‘custodiaban’ las fronteras.

Un Fuerte, en la campaña bonaerense, significaba un primer paso hacia la judicialización de ciertas prácticas que atentaban contra una idea de propiedad privada que iba creciendo lentamente. Junto con ello, el Fuerte significaba un punto más desde el cual las redes del poder político –nativo y criollo- se tejían y se incrementaban. Por ello su Comandante debía de ser un hábil conocedor de la política y así poder intersectar intereses variados sin que eso generara tensiones en ningún sector de las sociedades que allí confluían.

 

por Carlos D. Paz