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El arroyo Chapaleofú significó, en la vida de la campaña que inauguró la gesta de la cual asoma Tandil, un punto nodal de encuentro y negociación entre ambas sociedades. Aquel arroyo ‘barroso’ se había constituido, con el paso del tiempo, en una feria indígena. Lugar en el que los nativos intercambiaban producciones propias, u objetos provenientes del mundo hispano-criollo, con otros nativos, o no, que se llegaban a las inmediaciones del arroyo. En este sentido cabe mencionar que el arroyo en cuestión fue un centro social de relevancia en la vida de las fronteras. 

Más allá de las concepciones mágico-religiosas que los nativos atribuían a determinadas porciones del espacio donde habitaban, es necesario rescatar la existencia de puntos claramente identificados en las Pampas dónde nativos y no-nativos se encontraban y dónde negociaban sus intereses. Esta cuestión es relevante dado que esto muestra que aquel espacio cercano al Fuerte, así como otros de similar naturaleza, no era un mundo desconocido. Todo lo contrario. Las Fronteras se constituyeron desde época temprana como un espacio de relaciones sociales complejas y prolíficas; dónde hombre, bienes e ideas se daban cita. Tal y como lo demuestran los estudios sobre este arroyo en particular y otros lugares de encuentro.

 

por Carlos D. Paz